Salieri, Réquiem en do menor. 1. Introitus.
Sé sentarme en zazén, no sé rezar. Pero no puedo negar que cuando el coro canta lucem perpetuam luceat eis, elevándose con esperanza, con la fe que ya nos falta, cuando emprende el ad Te omnis caro veniet, todo esto me duele un poco menos. Quizás somos los más desgraciados de los hombres porque para nosotros la salvación o la resurrección son sólo palabras olvidadas o cáscaras vacías de un lenguaje que ya no hablamos. Por eso, sólo la música de un viejo compositor italiano casi olvidado que tituló esta pieza como "piccolo requiem composto da me, e per me, Antonio Salieri, piccolissima creatura" logra llenar esos viejos odres con una verdad nueva. Compuesto para todos, signore Salieri, porque todos somos pequeñísimas criaturas. Más pequeños que un grano de arena.
Por tanto cuando llega la vida, esta sólo es vida; cuando llega la
muerte, hace falta estar al servicio de la muerte. No odiar, no desear.
Dogen, Shoji.
Dogen, Shoji.

